OPTIMIZACIÓN DE PLANTILLA.
Don Eugenio Ponce, el director de las Manufacturas, sacó a relucir su faceta más humana en el asunto de la reestructuración. Celebró una gran fiesta a la que invitó a toda la plantilla. A los postres, cuando el vino se había convertido en euforia, les dirigió la palabra. Fue breve, tan solo unas palabras. Estas:
– ¡Señores, estáis todos despedidos!. Pero la empresa, en un rasgo de bondad, ha alquilado unos autobuses que os llevarán a las oficinas del Paro.
Se iniciaba la optimización de la plantilla. Quedaron algunos Jefes de Departamento por aquello de “tener muchas cosas que decir, y ninguna buena”. Y la Fábrica continuó funcionando gracias a su absoluta automatización y la colaboración de obreros que pagaban sus buenas pesetas por trabajar en la empresa.
Para no perder la antigua y querida organización, los Jefes de Departamento se autoaplicaron la multiplicidad de funciones, lo que presuponía efectuar el trabajo, comportarse, tomar la personalidad de unos 30 a 40 empleados a la vez.
Veamos el caso de nuestro entrañable Don Gerardo. Continuó como Jefe de su extraño Departamento, pero con un handicap: no tenía personal al que putear. Fácil, él interpretaba, con gran convicción, el resto de los empleados. Gerardo-sindicalista era un acérrimo enemigo de Gerardo- Jefe del Departamento.
Lo llamaba por teléfono desde una cabina pública, para no ser localizado, y le dejaba en el contestador los más imaginativos insultos, las intimidades de Gerardo-Jefe del Departamento que Gerardo-sindicalista tan bien conocía. Lo llamaba impotente, picha lacia y degenerado. No contento con esto, Gerardo -sindicalista mandaba anónimos a Gerardo-Jefe de Proyectos, otro de los jefes, al que lo acusaba de estar corrompido por Gerardo-Contratista de Obras, al que concedía los mejores trabajos. Para dar veracidad a esta acusación, Gerardo-Contratista se vio en la necesidad de pedir un préstamo en el Banco, y, con este dinero, comprarle a Gerardo-Jefe de Proyectos un grandioso frigorífico, pingüinos incluidos. Gerardo-sindicalista, escondido en las cercanías del chalet de Gerardo-Jefe de Proyectos, fotografió la descarga del gigantesco frigorífico, amén de hacerse con una fotocopia de la factura de compra. Con estas pruebas tuvo motivos para insultar a Gerardo-Jefe de Proyectos, que se quejó a Gerardo-Jefe de Personal del acoso al que lo sometía Gerardo-sindicalista. Gerardo-Jefe de Personal envió a Gerardo-botones para que localizara a Gerardo -sindicalista. Gerardo-botones, que se reía a escondidas de Gerardo-Jefe de Personal, localizó a Gerardo-sindicalista. “Tío, que te manda llamar a su despacho el tontorrón del Jefe de Personal”. Allí, en el despacho, Gerardo-Jefe de Personal y Gerardo-Sindicalista, tuvieron un duro enfrentamiento que dejó muy cansado a Don Gerardo, ya que, según el diálogo, tenía que ponerse a un lado u otro de la mesa. Finalmente se impuso la autoridad, y Gerardo-Jefe de Personal, en una diatriba en la que llegó a aporrear la mesa, puso en su sitio a Gerardo-sindicalista y lo sancionó. Gerardo-sindicalista se marchó del despacho dando un sonoro portazo. Rápido dio un gran salto, se introdujo en el despacho, y, como Gerardo-Jefe de Personal, se asomó y amenazó a Gerardo-sindicalista con despedirlo. Su actitud fue celebrada por Gerardo-psicólogo de personal y por Gerardo-Jefe de Mantenimiento, que pasaban por allí.
A continuación Bernardo-Jefe de Personal tuvo que asistir a una reunión en el despacho de don Eugenio-Director, junto con Eugenio-Jefe de Fabricación, Eugenio-Jefe de Ventas y Eugenio-Jefe de Administración.
Dos horas después Bernardo-Jefe de Personal vuelve a su despacho. Se siente satisfecho por su jornada laboral, y se pavonea ante Bernardo-secretaria, que lo mira insinuante. Bernardo-Jefe de Personal se excita, echa el cerrojo de la puerta del despacho y la besa en la boca. Las manos de Bernardo-Jefe de Personal acarician el cuerpo de Bernardo-secretaria, que se retuerce de placer. Decide penetrarla por el ano, por lo que Bernardo-Jefe de Personal introduce por el esfínter de Bernardo-secretaria un soberbio pene de plástico. Bernardo-secretaria promete amor eterno a Bernardo-Jefe de Personal. Luego tiene un largo orgasmo y queda exangüe sobre el suelo del despacho. Bernardo-Jefe de Personal comprueba que son las doce, por lo que, junto a sus Bernardo-Subordinados del Departamento, y los Bernardo-Componentes del Comité, deciden tomarse, entre todos un par de botellas de Jerez. Diez minutos después, los Bernardos están completamente borrachos. ¡A dormirla!.
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