SOBRE EL VALOR AÑADIDO: EJECUTIVOS PROLONGANDO LA JORNADA
DEL VALOR AÑADIDO QUE SUPONE EL QUE LOS EJECUTIVOS PROLONGUEN LA JORNADA LABORAL
“Gran parte de los trabajos son repetitivos, tediosos, penosamente agotadores, mentalmente aburridos o socialmente degradantes. Esto es aplicable a diversos servicios domésticos, servicios al consumidor y a las industrias que despliegan a sus trabajadores en cadenas de montaje, donde el coste de la mano de obra es un factor importante del precio del producto final. Solo resulta agradable el trabajo y se disfruta de él cuando se desvincula el coste de la mano de obra y el precio, lo cual siempre ocurre en los niveles superiores de ingresos. Es una característica básica del sistema económico moderno asignar la remuneración más alta al trabajo más prestigioso y agradable- La cultura de la satisfacción-John Galbraith”.
Fuera de consideraciones economicistas, los ejecutivos de La Gran Corporación prolongan su jornada. Un día y otro, hasta el agotamiento. Es lo que el Director espera de ellos.
“Los ejecutivos de La Gran Corporación, como todas las tardes, quedan en sus despachos, trabajando, al pie del cañón, como Dios manda. Y es que un buen ejecutivo siempre considerará denigrante el salir a la misma hora que la masa amorfa de empleaduchos. Denigrante y peligroso para su posición en el Organigrama. Porque, para los Altos Cargos, siempre ha existido la Regla de Oro de “Tener mucho trabajo por hacer”. La Rentabilidad es otra cosa… mucho más terrenal, y por eso siempre se descarga en las clases inferiores. Antes llamados obreros, pero que, tras largos años de dura lucha, se ha conseguido que sean llamados empleados. Igual de prescindibles, pero empleados.
17 HORAS-Como todas las tardes, Martínez, Navas, Tormes y Don Bernardo, altos y promocionables ejecutivos, establecen una pugna por ser el último en abandonar sus despachos. Y al salir, hay algo gratificante en la silenciosa admiración de los humildes guardas de la puerta de entrada ante la grandeza de estos hombres, de los que depende el futuro de la Fábrica, y ¿por qué no decirlo?, de la propia Región. O Nación.
En su despacho Martínez mira, no lee, una revista de Economía, procurando, eso sí, tenerla abierta por la mitad, mientras remarca algunos párrafos, así, al azar. Los artículos están sobresaturados de cientos de gráficas, algo, como siempre, a medio camino entre el mundo de Kafka, las ensoñaciones de un drogata y los Hermanos Marx. Por descontado que Martínez difícilmente conseguirá zambullirse en ese mundo esotérico. Y maldita la falta que le hace. Pero:
1.- Se siente justificado.
2.- Alguien verá la revista sobre su mesa. (Es preferible elegir un ejemplar en inglés).
Aunque, pensándolo bien, lo mejor será fotocopiar todo el artículo.
Martínez, con aspecto atareado, rostro abstraído y paso rápido, va a la fotocopiadora. Al oírlo, don Bernardo se asoma, confiando en que se vaya y el pugilato entre los prolongadores quede reducido. Al no ser así, y para no parecer curioso, le pregunta sobre los costos de un proyecto. Es entonces cuando ven la necesidad de hacer una reunión de tipo pasillal. Y se sientan en los sillones colocados en los pasillos de la Oficinas, solo utilizables en este tipo de reuniones. (Según recomendaciones de Jerry King, profesor en Harvard de Motivaciones Organizativas, los pasillos de las Oficinas de la Gran Corporación son confortables, con abundantes agrupaciones de cómodos sillones, música de la Nueva Era, aire climatizado y máquinas expendedoras de un reconfortante caldo de cocido. De este modo, las improvisadas y decisivas reuniones de pasillo de los altos ejecutivos, tan necesarias para ejemplarizar a los desmotivados empleados, resultan mucho más fructíferas y creativas). Don Bernardo insiste sobre los costos del inventado Proyecto. Martínez, por descontado, no tiene ni zorra idea de ese proyecto, y menos aún de los costos, pero, como buen ejecutivo, suelta una cifra al azar, eso sí, con aire de suficiencia. Y don Bernardo, al que esos costos le importan un carajo, le escucha con suma atención, iniciándose un diálogo Grouchiano, al que se suman, presurosos, Navas y Tormes, organizándose una improvisada reunión de trabajo en la que cuatro ejecutivos hablan a la vez, y en voz alta, de distintas cosas.
(Para estas reuniones, fuera de la jornada laboral de las clases bajas, las empleadas de la limpieza interrumpen su trabajo y se sitúan como espectadoras a una respetuosa distancia, y poniendo cara de admiración y de no enterarse de nada)
Son las 18:10. Y bien, nuestros afanados ejecutivos llevan 1 hora y 10 minutos de prolongación de jornada. Martínez enciende la fotocopiadora. Comprueba que el papel se ha acabado.
Va al despacho de su secretaria. Busca la llave del armario donde se guarda el papel y accesorios de oficina. Quizá en la mesa de su secretaria. Sí, en uno de los cajones está, junto a un paquete de tampones (también Purita podía ser más discreta).
Regresa a la fotocopiadora, la carga de papel, y fotocopia la revista completa. Vuelve a su despacho, agrupa lo fotocopiado según los temas, intenta graparlos, la máquina no tiene grapas.
Regresa al despacho de su secretaria. Toma la llave del cajón (le turba la visión de los tampones). Abre el armario, toma una caja de grapas, lo cierra, guarda la llave. Vuelve a su despacho. Carga la grapadora, que es un modelo muy antiguo, mañana pedirá otra, y grapa los artículos.
Va al archivador. Abre el cajón superior. Las carpetas están repletas. Necesita otra carpeta. Regresa al despacho de su secretaria. Toma la llave que está junto a los tampones, los saca del cajón, comprueba que nadie puede verlo, los acaricia con la lengua. Tres veces.
Tiempo empleado en todas estas tareas, 40 minutos.
¡Elogiable, queridos, elogiable! Son las 19:40 llevan 2 horas 40 minutos de dura prolongación de la jornada laboral. Martínez, Navas, Tormes y Don Bernardo, cada uno en su despacho, miran el reloj. Aún es pronto para marcharse. Se levantan. Se desperezan. Se hurgan la nariz. Se acercan a la ventana. Miran hacia el tejado del Almacén de Productos Terminados situado enfrente. Allí, sobre la pendiente del techo, un obrero, el Jorge, repara algunos desperfectos de la cubierta. Dos obreros del turno de tarde que pasan frente a las oficinas se dan cuenta de que los Ejecutivos están asomados a sus ventanas. ¿Habrá ocurrido algo en la Fábrica y ellos no se han enterado? Se quedan mirando en la misma dirección que los Ejecutivos. ¡Allí solo está el Jorge reparando el tejado! Al poco, el grupo de mirones se incrementa.
– ¡Miedo me da de ver a ese hombre!
– Si. Que Dios lo proteja.
El Jorge, que está a punto de terminar el arreglo del techo de Uralita, se apercibe que los Ejecutivos, desde la ventana, y un grupo de obreros, desde los límites de la zona de Fabricación, miran hacia donde está él. Se endereza, mira también hacia arriba, bascula, pierde pie.
– Como veras yo tenía razón.
– ¿Y porqué no lo habrá ayudado Dios?
– Cosas suyas.
– Bueno, que más da, era de contrata.
Y el Jorge se estrella contra el suelo.
(- Señora Manoli, lamento lo del accidente de su marido. ¿Cuánto le ha quedado de pensión de viudedad?
– Pues le diré: un polvo 40 euros, una dormida 100. Lo normal para una viuda)
21:15-Llevan 4 horas 15 minutos. ¡No hay palabras para describir estas desinteresadas acciones de los mártires de la Industria! El silencio es total. ¿Quizá estaban tan abstraídos en su trabajo, (o adormecidos), que no se han apercibido de la marcha de los demás? Y mira por donde, en una escena digna de un mal vodevil, al unísono, todos asoman al pasillo sus somnolientas cabecitas. La reacción es rápida, digna de un ejecutivo con futuro… Tienen que ir a los servicios, porque ¿qué otra cosa les podría obligar a abandonar su fructífero trabajo que las necesidades de la Naturaleza?
El urinario de los Altos Ejecutivos, siguiendo las indicaciones de Jerry King, el de Las Motivaciones Organizativas, es circular, de 2 metros de diámetro, alrededor de los cuales se pueden situar un máximo de 7 ejecutivos orinantes. Los separadores entre urinarios tienen, en su parte superior, un escritorio tapizado en cuero de color celeste, y en la parte media reposa penes en acero inoxidable, con movimientos alternativos, de índole sacudidora, cada minuto, hasta un máximo de 20 sacudidas, para evitar molestos orgasmos. De este modo, al quedar las manos libres, los Altos ejecutivos aprovechan el tiempo de descargar su vejiga mientras toman notas en sus agendas de estas breves pero fructíferas reuniones. Y allí, en los urinarios, comentan las últimas noticias de la Fábrica, los secretos que sólo ellos poseen. También se discuten los posibles cambios de personal, yo me llevo a este y tú te llevas a aquél, no a ese no lo jodáis que es hermano del cuñado del alcalde, al otro lo enviamos allí. Por lo que la denostada “morralla” se encontrará con cabreantes cambios en su status laboral gestados por unos somnolientos ejecutivos con el cipote asomando.
23:10-Llevan 6 horas y 10 minutos de dura y esforzada dedicación a la Corporación. El silencio es total, y los esfuerzos por mantenerse despiertos heroicos. Pero nadie flaqueará en el intento de ser el último en salir. Realmente no es justo que los empleados estén tan ricamente divirtiéndose mientras ellos, los mártires de la Fábrica, prolongan la jornada hasta el agotamiento. ¡Despido libre, ya!
23:50-Martínez, Navas, Tormes y Don Bernardo, comprueban en sus relojes que son las 23:50 HORAS.
Desde aquí hasta las 24 horas, muy despaciosamente:
– Martínez, Navas, Tormes y Don Bernardo recogen sus papeles, cierran los cajones de sus mesas, se levantan despaciosamente, salen, al unísono, al pasillo, con precisión matemática, y cierran las puertas de sus despachos. Una fugaz reunión de pasillo, de pie, sin utilizar los sillones, para recordar las ansiadas reuniones del día siguiente, del que los separa esa estupidez biológica del descanso nocturno y se dirigen al aparcamiento, tratando de recordar:
1.0)- Estado Civil.
1.1)- Caso de estar casados, con quien, aspecto de su mujer, y cuantos hijos tienen.
2.0)- Localización geográfica de sus viviendas.
¡24:00 HORAS!-El numeroso público congregado a la puerta de la Fábrica los aplaude con entusiasmo. Uno de los guardas les dice aquello de que quiere un hijo suyo, los espectadores que son accionistas de la Fábrica se desmayan excitados, la policía tiene que organizar una carga para despejar la puerta. Los ejecutivos van saliendo de la Fábrica, triunfantes y agasajados por el fervor popular, se interrumpen las emisiones de concursos televisivos para comunicar al país la nueva hazaña de tan preclaros personajes. Y toda la Nación se acuesta rezando para que Dios les de larga vida a estos mártires del trabajo.
Elegidos como ellos serán los que saquen al País de todo tipo de crisis.”
La obediencia ciega es algo frustrante que todos aperciben. La mayoría de las veces está por encima de la creatividad, que se deja para un después que nunca llega. Muchos empleados son adictos al trabajo, entendiendo por trabajo el permanecer muchas horas en sus despachos. Se creen imprescindibles. Dispuestos a morir en acto de servicio. Y les encanta la prolongación de jornada más allá de la hora de salida.
Todos hemos escuchado la historia de los ejecutivos que asisten a las explicaciones técnicas sobre un nuevo proceso de Fabricación, diseñado en Norteamerica. Acabada la compleja y técnica disertación del Norteamericano les toca el turno a los ejecutivos. Y estos se enzarzan en una interminable discusión sobre los servicios higiénicos necesarios para el personal de la nueva planta. Localización, dimensiones, tipo de alicatado, ¿cisternas o difusor?, cuantos lavabos.
¿Se merecen el pan que se comen? ¿No resulta patética su pose de ejecutivos de telenovela?
TAGGS
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